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Lisboa, una ciudad para volver (Portugal)
Europa

Lisboa, una ciudad para volver (Portugal)

24 de febrero de 2026 · 15 min lectura

Hay ciudades que se conocen en un viaje y otras a las que necesitas volver. Lisboa, para mí, pertenece a las segundas.

He regresado en diferentes ocasiones y cada visita ha ido sumando una Lisboa distinta. La de las cuestas imposibles y los tranvías amarillos. La de las fachadas desconchadas, la ropa tendida y el Tajo apareciendo al final de una calle. La de los miradores al atardecer, el fado, las bifanas y ese pastel de nata que siempre parece justificar uno más.

Por eso este no pretende ser el relato de un viaje concreto ni una lista interminable de monumentos. Es mi Lisboa después de varias visitas, organizada por barrios y rutas para que puedas utilizarla para construir la tuya.

Ponte unas zapatillas cómodas. Lisboa se entiende mucho mejor caminando.

IMG_0451Atardecer sobre el río Tajo y el Puente 25 de Abril en Lisboa

01
Ruta

Alfama, Castelo y Graça

Lisboa cuesta arriba

Hay muchas formas de empezar a conocer Lisboa, pero hacerlo junto al Tajo tiene algo especial. Nuestra ruta comienza en la enorme Praça do Comércio, abierta al río y rodeada por esas fachadas amarillas que forman parte de una de las imágenes más reconocibles de la ciudad.

Desde aquí dejamos atrás la amplitud de la plaza y empezamos a buscar una Lisboa diferente.

Caminamos hacia la Casa dos Bicos, inconfundible por su fachada de piedras en forma de punta y ligada para siempre a la figura de José Saramago. A partir de aquí las calles empiezan a estrecharse y la ciudad, poco a poco, también empieza a inclinarse.

Bienvenidos a Alfama.

La Sé y las primeras cuestas

El camino nos lleva hasta la Sé de Lisboa, con aspecto casi de fortaleza y tranvías amarillos pasando frente a su fachada. Es una de esas estampas que resumen Lisboa en apenas unos metros: piedra, raíles, cables, cuestas y un tranvía abriéndose paso donde parece imposible que quepa.

A partir de aquí mi consejo es sencillo: guarda durante un rato el mapa.

Alfama también consiste en equivocarse de calle. En subir unas escaleras que no sabes dónde terminan, encontrar ropa tendida entre fachadas, escuchar conversaciones detrás de una ventana y descubrir pequeños rincones que probablemente no volverás a encontrar.

Porque algunos de los mejores lugares de Alfama no tienen nombre.

Santa Luzia y Portas do Sol: Lisboa desde arriba

Seguimos subiendo hasta alcanzar el Miradouro de Santa Luzia. Azulejos, buganvillas y el Tajo al fondo hacen que sea difícil pasar por aquí sin detenerse.

Muy cerca espera el Miradouro das Portas do Sol, otro de esos balcones desde los que Lisboa parece desplegarse delante de nosotros: tejados rojizos, fachadas blancas, iglesias y el río cerrando el horizonte.

Aquí merece la pena hacer exactamente lo contrario de lo que llevamos haciendo toda la mañana: parar.

Una terraza, algo de beber y Lisboa ahí abajo. No hace falta mucho más.

São Vicente de Fora y el Panteão Nacional

Continuamos hacia la Igreja de São Vicente de Fora y el Panteão Nacional, mientras Alfama empieza a dejar un poco más de espacio entre sus calles.

Por esta zona aparece también la Feira da Ladra, el histórico mercadillo lisboeta. Si coincide con el día de tu visita, merece la pena perder un rato entre antigüedades, libros, objetos imposibles y recuerdos que seguramente no estabas buscando.

Y eso también forma parte del juego.

Castelo de São Jorge

Volvemos a ganar altura hasta alcanzar el Castelo de São Jorge, dominando Lisboa desde una de sus colinas.

Más allá de sus murallas y de la historia, lo que realmente nos vuelve a detener son las vistas. Desde aquí se entiende mucho mejor la ciudad que llevamos recorriendo: la Baixa a nuestros pies, el Tajo extendiéndose frente a Lisboa y un laberinto de tejados descendiendo de nuevo hacia Alfama.

Después de tantas cuestas, Lisboa empieza a tener sentido desde arriba.

Graça y Senhora do Monte: guardar lo mejor para el final

Pero todavía podemos subir un poco más.

Ponemos rumbo hacia Graça, uno de esos barrios donde Lisboa parece bajar unas revoluciones. Aquí encontramos el Miradouro da Graça, perfecto para sentarse un rato y contemplar la ciudad sin demasiadas prisas.

Y si las piernas todavía responden, continuamos hasta el Miradouro da Senhora do Monte.

Es uno de mis lugares favoritos para terminar esta ruta.

Lisboa aparece prácticamente entera delante de nosotros: el castillo, los tejados, el centro, el Tajo y, a lo lejos, el puente.

Después de todo un día subiendo y bajando calles, solo queda encontrar un hueco, sentarse y dejar que caiga el sol.

Porque Lisboa cansa las piernas...¡pero compensa cada cuesta!

IMG_0399Praça do Comércio y Arco da Rua Augusta en Lisboa

El mapa del viaje

Lisboa | Ruta a pie: Alfama, Castelo y Graça

MonumentoMiradorLugar de interés
Calles del centro histórico de LisboaBandera de Portugal junto al río Tajo en LisboaTranvía amarillo recorriendo las calles de LisboaPraça do Comércio y Arco da Rua Augusta en LisboaLocal tradicional en el centro de LisboaCalçada portuguesa en las calles de LisboaBacalao tradicional a la venta en LisboaCalle empedrada del centro histórico de LisboaVistas sobre los tejados y calles del centro de Lisboa
Calles del centro histórico de Lisboa
02
Ruta

Baixa, Chiado y Bairro Alto

De plaza en plaza hasta el Tajo

Volvemos a empezar junto al río, en la Praça do Comércio, pero esta vez Lisboa nos lleva en otra dirección.

Dejamos el Tajo a nuestra espalda y cruzamos bajo el imponente Arco da Rua Augusta para entrar de lleno en la Baixa, la Lisboa de grandes plazas, calles rectas y fachadas que parecen poner algo de orden en una ciudad empeñada en vivir cuesta arriba.

Si está abierto y apetece ganar altura desde el principio, merece la pena subir al mirador del Arco da Rua Augusta. Desde arriba tenemos una de esas perspectivas que ayudan a entender Lisboa: la geometría de la Baixa por un lado y la inmensidad de la Praça do Comércio y el Tajo por el otro.

Rua Augusta y el corazón de la Baixa

Caminamos por la peatonal Rua Augusta, siempre animada, dejando que el paseo nos acerque poco a poco hacia Rossio.

Aquí Lisboa cambia nuevamente de escenario. Aparecen la Praça do Rossio, la cercana Praça da Figueira y la preciosa Estação do Rossio, con una fachada que consigue que hasta coger un tren parezca algo elegante.

Pero nosotros todavía no nos vamos a ninguna parte.

Toca volver a subir.

Santa Justa y las ruinas del Carmo

Entre los edificios de la Baixa aparece uno de los grandes iconos de Lisboa: el Elevador de Santa Justa.

Hierro, madera y una estructura que parece sacada de otro tiempo conectan la parte baja de la ciudad con el barrio de Chiado. Se puede utilizar para salvar la cuesta, aunque también merece la pena acercarse simplemente para verlo y continuar caminando.

Arriba nos espera uno de mis rincones favoritos de esta parte de Lisboa: el Convento do Carmo.

Sus arcos abiertos al cielo recuerdan todavía el terremoto que cambió para siempre la ciudad. No hace falta demasiado para que el lugar impresione: piedra, silencio y un techo que hace siglos dejó de existir.

Y en una ciudad llena de iglesias, precisamente una iglesia sin techo consigue ser una de las más especiales.

Chiado: café, libros y Pessoa

Seguimos hacia Chiado, elegante, literario y siempre animado.

En la Rua Garrett encontramos dos clásicos que cuentan mucho de este barrio. Por un lado, la Livraria Bertrand; por otro, el histórico Café A Brasileira, con Fernando Pessoa sentado eternamente en su terraza.

Es uno de esos lugares en los que seguramente habrá gente haciéndose la misma fotografía que tú. Pero estamos en Lisboa.

Hay tópicos a los que merece la pena rendirse.

Unos pasos más y llegamos a la Praça Luís de Camões, punto de encuentro y frontera casi invisible entre Chiado y Bairro Alto.

Bairro Alto: Lisboa cambia cuando cae la tarde

A partir de aquí volvemos a olvidarnos durante un rato de la ruta exacta.

El Bairro Alto está hecho para caminarlo. Calles estrechas, fachadas cubiertas de azulejos, pequeños comercios, restaurantes y bares que cambian completamente de aspecto cuando empieza a caer el sol.

De día tiene un ritmo.

De noche, otro muy diferente.

Y en algún momento del paseo merece la pena acercarse al Miradouro de São Pedro de Alcântara, desde donde el Castelo de São Jorge aparece al otro lado de la ciudad recordándonos todo lo que caminamos en nuestra primera ruta.

Bica y Santa Catarina: bajando hacia el Tajo

Desde Bairro Alto comenzamos a buscar nuevamente el río.

El Elevador da Bica protagoniza una de las imágenes más fotografiadas de Lisboa: un pequeño funicular amarillo abriéndose paso por una calle empinada mientras, al fondo, aparece el azul del Tajo.

No hace falta siquiera subir en él para disfrutar del lugar. A veces basta con quedarse en una esquina, esperar unos minutos y ver cómo Lisboa pasa por delante.

Muy cerca encontramos el Miradouro de Santa Catarina, también conocido por la figura del Adamastor.

Y aquí volvería a hacer lo mismo que en nuestra ruta por Alfama:

parar.

Porque después de kilómetros caminando por Lisboa, una cerveza, una ginjinha o simplemente un banco mirando hacia el Tajo pueden convertirse en un plan difícil de mejorar.

Del mirador al río

Pero todavía podemos estirar un poco más la ruta.

Desde Santa Catarina descendemos hacia Cais do Sodré, donde encontramos el Mercado da Ribeira / Time Out Market. Puede ser una buena parada para comer algo o simplemente curiosear entre sus puestos antes de continuar.

A pocos metros está Pink Street, probablemente una de las calles más fotografiadas de esta parte de Lisboa. De día muestra una cara; por la noche, cuando bares y terrazas toman el relevo, otra completamente diferente.

Y terminamos otra vez junto al Tajo.

Empezamos el día frente al río y volvemos a encontrarlo después de atravesar Baixa, subir hasta Chiado, perdernos por Bairro Alto y bajar por Bica.

Lisboa tiene esa costumbre: por muchas vueltas que demos, el Tajo siempre termina apareciendo.

IMG_0363Fuente de la Praça do Rossio y Teatro Nacional Dona Maria II en Lisboa

El mapa del viaje

Lisboa | Ruta a pie: Barrios La Baixa, Chiado y Barrio Alto

Lugar de interésMonumentoMiradorCafé
03
Zona

Belém

Lisboa mirando al Tajo

Hay una Lisboa de cuestas, tranvías y callejuelas, y otra que parece querer abrirse por completo hacia el río.

Para encontrarla hay que poner rumbo a Belém.

Aquí el Tajo gana espacio, el horizonte se ensancha y buena parte de la historia de Portugal parece mirar hacia el agua. Es una zona perfecta para recorrer caminando, enlazando algunos de los grandes símbolos de Lisboa sin demasiadas prisas.

Torre de Belém: vigilando el Tajo

Empezamos junto a uno de los monumentos más reconocibles de la ciudad: la Torre de Belém.

Su silueta junto al agua forma parte de esa Lisboa que todos hemos visto alguna vez antes de llegar. Pero estar delante de ella, con el Tajo extendiéndose hacia el Atlántico, ayuda a entender mucho mejor por qué esta zona estuvo siempre tan ligada al mar.

Más que correr para tacharla de una lista, aquí merece la pena caminar alrededor, acercarse al río y mirar hacia el horizonte.

Porque durante siglos, desde algún punto de estas orillas, hubo quienes hicieron exactamente lo mismo antes de partir.

Mosteiro dos Jerónimos

A pocos minutos nos espera el Mosteiro dos Jerónimos, uno de esos edificios ante los que inevitablemente hay que levantar la vista.

Su fachada ya impresiona, pero merece la pena entrar y recorrer con calma su claustro, donde columnas, arcos y piedra parecen competir por ver quién consigue acumular más detalles.

Belém empieza a demostrar que no es simplemente otro barrio de Lisboa.

Aquí la historia pesa.

Padrão dos Descobrimentos

Volvemos hacia el Tajo para encontrarnos con el enorme Padrão dos Descobrimentos, levantado frente al río y dedicado a la época de las exploraciones portuguesas.

Marineros, navegantes y personajes históricos avanzan sobre su estructura como si todavía estuvieran dispuestos a hacerse a la mar.

Desde aquí el paseo junto al río se convierte en parte del plan.

Sin rumbo demasiado estricto. Con el Puente 25 de Abril apareciendo en la distancia y el Tajo acompañándonos mientras caminamos.

Después de las cuestas de Alfama y Bairro Alto, Belém se agradece casi en horizontal.

Pasear junto al Tajo

Y precisamente eso es lo que más me gusta hacer aquí: caminar.

Belém invita a bajar el ritmo y seguir durante un rato la orilla del Tajo. Ciclistas, corredores, terrazas y enormes espacios abiertos sustituyen al laberinto de calles del centro histórico.

Lisboa sigue estando ahí.

Pero parece otra.

Y después de monumentos, historia y kilómetros caminando llega uno de los momentos que, al menos para mí, también forma parte de cualquier visita a Belém.

Hay peregrinaciones que terminan en un pastel

Porque podemos hablar de navegantes, monasterios, torres y grandes episodios de la historia portuguesa.

Pero hemos venido también a comer.

La última parada está en Pastéis de Belém, donde desde el siglo XIX se prepara uno de los dulces más famosos de Portugal.

Crujiente por fuera, cremoso por dentro y, si puede ser, todavía templado. Un poco de canela por encima y asunto resuelto. Porque hay lugares que se recuerdan por un monumento, otros por un paisaje y algunos por un sabor.

Belém consigue las tres cosas.

IMG_0395Praça do Comércio y Arco da Rua Augusta vistos desde el río Tajo en Lisboa

04
Zona

La Lisboa más moderna

Lisboa también sabe quitarse los azulejos y mirar hacia delante.

Después de Alfama, Belém y las fachadas históricas del centro, sorprende encontrarse con una ciudad de grandes avenidas, arquitectura contemporánea y espacios abiertos junto al Tajo.

Para descubrir esa otra cara ponemos rumbo hacia Parque das Nações y dejamos para después uno de los lugares donde el pasado industrial de Lisboa ha encontrado una segunda vida: LX Factory.

Parque das Nações | Otra Lisboa junto al Tajo

El Parque das Nações parece otra Lisboa.

Aquí desaparecen las calles estrechas y aparecen paseos junto al río, jardines, edificios contemporáneos y algunos de los espacios que transformaron esta zona de la ciudad con motivo de la Expo de 1998.

Es una Lisboa más abierta, moderna y tranquila, perfecta para caminar junto al Tajo y comprobar que el río sigue siendo protagonista incluso cuando la ciudad cambia completamente de aspecto.

Estação do Oriente | Una estación que merece una parada

La Estação do Oriente consigue algo poco habitual: que una estación de tren forme parte de las cosas que merece la pena mirar.

Su enorme estructura de acero y cristal recibe a trenes, metros y viajeros bajo una cubierta que parece extender sus ramas sobre los andenes.

En Lisboa hasta esperar un tren puede tener su punto.

LX Factory | Una fábrica de ideas

En el extremo opuesto de la ciudad encontramos otra forma muy diferente de entender la Lisboa contemporánea.

LX Factory ocupa un antiguo complejo industrial reconvertido en un pequeño universo de restaurantes, tiendas, talleres, terrazas y espacios creativos.

Aquí las viejas fábricas no desaparecieron. Simplemente cambiaron las máquinas por ideas.

Merece la pena recorrerla sin demasiado plan, entrar donde apetezca y buscar Ler Devagar, una librería instalada en un antiguo espacio industrial que encaja perfectamente con el espíritu del lugar.

Entre chimeneas, grafitis y estructuras de hierro, Lisboa vuelve a demostrar que sabe hacer algo muy bien: darle una nueva vida a lo que ya tenía.

IMG_0746Edificio histórico y jardines en la zona de LX Factory en Lisboa

05
Experiencias

10 experiencias que hacen que Lisboa sea Lisboa

Lisboa no son solo monumentos y lugares que marcar en un mapa. También son pequeños momentos, sabores y experiencias que terminan formando parte del viaje.

01 | Subirse al tranvía 28
Traqueteando entre cuestas y calles imposibles. Todo un clásico lisboeta.

02 | Probar sus elevadores históricos
Santa Justa, Bica o Glória. En Lisboa hasta el transporte tiene encanto.

03 | Perderse por Alfama
Guardar el mapa y dejar que sus callejuelas decidan el camino.

04 | Escuchar fado
Una guitarra, una voz y silencio. Hay cosas que es mejor sentir que explicar.

05 | Ver atardecer desde un miradouro
Buscar un sitio, sentarse y dejar que Lisboa haga el resto.

06 | Comer un pastel de nata
Mejor templado y con un poco de canela. Uno casi nunca es suficiente.

07 | Pedir una bifana
Pan, carne de cerdo y pocas complicaciones. Sencilla y muy portuguesa.

08 | Brindar con ginjinha
Una pequeña copa, dulce e intensa. Saúde!

09 | Comer bacalhau o sardinas
Porque una parte importante de Portugal también se descubre alrededor de una mesa.

10 | Navegar por el Tajo
Cambiar las cuestas por el agua y contemplar Lisboa desde otra perspectiva.

Diez experiencias sencillas. Diez formas de llevarse un poquito de Lisboa en la maleta.

06
Dónde comer

Lisboa también se sienta a la mesa

Lisboa se camina, se mira desde sus miradouros y se escucha entre tranvías y fado, pero también se descubre alrededor de una mesa.

En nuestras distintas visitas hemos ido guardando algunas direcciones a las que merece la pena llegar con hambre. Cocina portuguesa, producto local y lugares que, por una razón u otra, forman ya parte de nuestros recuerdos de la ciudad.

Estos son algunos de mis restaurantes recomendados en Lisboa.

El mapa del viaje

Lisboa | Dónde comer

GastronomíaCopas

Lisboa, una ciudad para volver

Quizá lo mejor de Lisboa sea precisamente que nunca termina de estar vista.

Siempre queda una calle por bajar, un mirador desde el que mirar el Tajo o una tasca en la que sentarse. He vuelto varias veces y seguramente volveré.

Porque algunas ciudades se visitan. A Lisboa se regresa.

07
+ Contenido

El viaje continúa por Portugal

Lisboa puede ser un destino por sí sola, pero también un magnífico punto de partida para seguir descubriendo Portugal.

Carreteras que llevan hacia el interior, ciudades a las que siempre apetece volver y pequeñas escapadas que demuestran que todavía queda mucho país por jugar.

Si te has quedado con ganas de más Portugal, el viaje puede continuar por aquí.

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