Budapest tiene algo de trampa. Llegas pensando que has venido a conocer una ciudad y descubres que, en realidad, tienes dos por delante.
A un lado del Danubio está Buda, con sus colinas, el Castillo, sus miradores y ese aire más tranquilo que invita a caminar sin demasiada prisa. Al otro, Pest, mucho más urbana, monumental y bulliciosa, con el , sus grandes avenidas, mercados, cafés y una vida que parece no detenerse.
Entre las dos, el Danubio y sus puentes hacen de frontera y, al mismo tiempo, de unión.
Así que vamos a jugar a Budapest en dos partidas: Buda y Pest. Qué visitar, dónde comer, dónde parar a tomar algo y algunos rincones que merece la pena tener localizados en el mapa.
Zapatillas cómodas, algo de apetito y ganas de cruzar puentes. Empezamos.





Buda, la ciudad que se mira desde arriba
Buda se juega cuesta arriba. Y lo mejor es empezar a los pies de la colina, justo donde el termina su recorrido sobre el Danubio.
Buda Castle Funicular y Palacio Sándor
Desde aquí hay dos opciones: subir andando o hacerlo como se ha hecho desde el siglo XIX, en el . Un par de minutos de trayecto, unas vagonetas de madera que parecen de otra época y la ciudad quedándose poco a poco a nuestros pies.
Arriba nos recibe el , residencia del presidente de Hungría. Si coincide, merece la pena quedarse unos minutos a ver el cambio de guardia.
Primera casilla superada. Y ya estamos en lo alto.
Castillo de Buda y Fuente del Rey Matias
A pocos pasos espera el , el gran palacio que domina la colina y que hoy alberga museos y la Galería Nacional. Pero más allá de lo que hay dentro, aquí lo que nos detiene es lo de fuera: sus terrazas asomadas al Danubio.
Desde ellas Pest aparece entera al otro lado del río, con el y la cúpula de la recortándose en el horizonte. Es la primera vez que entendemos que Budapest son dos.
En uno de sus patios encontramos la , una escena de caza en bronce con el rey, sus perros y sus ojeadores. Hay quien la compara con la Fontana di Trevi. Nosotros no vamos a entrar en esa partida, pero la foto la merece.
Iglesia de Matías y Bastión de los Pescadores
Caminamos por las calles empedradas del barrio del Castillo hasta encontrarnos con la y su tejado de cerámica de colores, uno de esos detalles que hacen que levantes la vista aunque no quieras.
Y justo al lado, probablemente la imagen más fotografiada de la ciudad: el . Torres blancas, arcos, escaleras y miradores que parecen sacados de un cuento y que, curiosamente, nunca defendieron nada. Se construyeron para mirar.
Así que eso es lo que toca hacer: asomarse, buscar un hueco entre los arcos y dejar que el Danubio y Pest hagan el resto.
Consejo de jugador: a primera hora de la mañana o al atardecer, con menos gente y mejor luz, el Bastión gana muchos puntos.
Pastelería Ruszwurm: una pausa dulce
Después de tanto mirador, toca recompensa. A un par de minutos está la , una de las más antiguas de la ciudad. Pequeña, de madera, con aire de otro siglo y una vitrina que complica bastante las decisiones. La recomendación de la casa es el krémes, un milhojas de crema que justifica por sí solo la subida. Hay pausas que forman parte de la ruta. Esta es una de ellas.
Citadella y la colina Gellért
Si las piernas todavía responden, dejamos el barrio del Castillo y ponemos rumbo a la colina Gellért, la otra gran atalaya de Buda.
Arriba está la , la antigua fortaleza que corona la colina, con la Estatua de la Libertad vigilando la ciudad. La subida cuesta, pero las vistas desde aquí son probablemente las más completas de Budapest: los puentes en fila sobre el Danubio, el Castillo a un lado y Pest extendiéndose sin fin al otro.
Gellért Hill Cave
Bajamos por la ladera hasta casi tocar el río para terminar en uno de los rincones más curiosos de Buda: la , una iglesia excavada en la roca de la colina.
Después de palacios, bastiones y cúpulas, una iglesia dentro de una montaña es una forma bastante original de cerrar la primera partida.
Y enfrente, el ya nos está señalando el camino hacia la siguiente.
Buda cansa las piernas. Pero pocas ciudades se ven tan bien desde arriba.
El Parlamento de Budapest visto desde el Danubio
Pest, la ciudad a pie de calle
Si Buda se mira desde arriba, Pest se vive a pie de calle. Aquí las colinas desaparecen y aparecen avenidas anchas, fachadas monumentales, cafés de techos imposibles y una ciudad que no parece tener hora de irse a dormir.
Pest da para mucho, así que la jugamos en dos tiempos: por la mañana, junto al Danubio; por la tarde, avenidas arriba.
Primer tiempo: el Danubio de Pest
Parlamento
Empezamos por el edificio que todos hemos visto antes de llegar: el . Neogótico, enorme, lleno de agujas y reflejado en el Danubio, es de esos monumentos que impresionan todavía más al tenerlo delante.
Lo rodeamos hasta la , su fachada principal, y si hay tiempo conviene reservar la visita interior: la escalinata, la cúpula y la Corona de San Esteban compensan la cola.
Zapatos en la Orilla del Danubio
A pocos metros, junto al río, espera uno de los lugares más emocionantes de la ciudad: los . Sesenta pares de zapatos de hierro recuerdan a los judíos asesinados en esta orilla durante la Segunda Guerra Mundial, obligados a descalzarse antes de ser fusilados.
No hace falta decir mucho más. Aquí toca parar, en silencio.
Paseo junto al río hasta el Puente de las Cadenas
Seguimos la orilla hacia el sur. Por el camino, sentada sobre la barandilla del tranvía, aparece la , una pequeña estatua de una niña disfrazada de princesa con el al fondo. Es de esas que se descubren casi por casualidad.
Y enseguida llegamos al , el primero que unió de forma permanente Buda y Pest, custodiado por sus leones de piedra. Es probablemente el puente que mejor explica esta ciudad.
Basílica de San Esteban
Dejamos el río y caminamos hacia la . Su cúpula mide exactamente lo mismo que la del Parlamento: en Budapest, ni el poder religioso ni el político quisieron quedar por encima del otro.
Merece la pena subir a la cúpula. Después de ver Pest desde Buda, toca ver Buda desde Pest.
Vörösmarty tér, Café Gerbeaud y Calle Váci
Seguimos hasta , una de las plazas con más ambiente del centro, donde se encuentra el , uno de los cafés históricos de la ciudad. Tarta, café y un salón de los de antes: una parada que se agradece.
Desde aquí bajamos por la , la gran calle peatonal y comercial de Pest. Tiendas, terrazas y mucho movimiento acompañándonos hacia el final del primer tiempo.
Mercado Central de Budapest y Puente de la Libertad
Terminamos en el , un enorme edificio de hierro y tejado de cerámica que es mucho más que un mercado. Abajo, pimentón, salamis, frutas y verduras; arriba, puestos donde probar un lángos recién hecho.
Y enfrente, el verde del cruzando hacia Buda, justo donde terminó nuestra primera ruta. Las dos partidas acaban de encontrarse en el mismo puente.
Segundo tiempo: avenidas, cafés y baños
Gran Sinagoga de Budapest y Szimpla Kert - Ruin Bar
Por la tarde cambiamos de escenario y entramos en el antiguo barrio judío. Nos recibe la , la mayor de Europa, con sus dos torres de aire casi oriental y un jardín memorial que merece una visita pausada.
A pocas calles está uno de los grandes inventos de Budapest: los ruin bars, bares instalados en edificios abandonados. El original es , un laberinto de patios, bañeras convertidas en sofás, bicicletas colgadas y objetos imposibles. De día se visita. De noche, se juega.
New York Café
Antes de seguir, un desvío que casi es obligatorio: el . Dorados, mármoles, lámparas y techos pintados en un salón al que muchos llaman el café más bonito del mundo.
Habrá cola y el café no será barato. Pero hay tópicos a los que merece la pena rendirse.
Ópera Nacional de Hungría y Avenida Andrássy
Llegamos a la , una de las joyas de la ciudad, y desde aquí recorremos la , el gran bulevar de Budapest. Palacetes, embajadas y fachadas elegantes durante más de dos kilómetros, con la línea de metro más antigua de la Europa continental circulando bajo nuestros pies.
Si las piernas protestan, este es el momento perfecto para bajar y subirse a ella.
Plaza de los Héroes y City Park
La avenida desemboca en la , abierta, inmensa, con la columna del arcángel Gabriel y las estatuas de los líderes que fundaron Hungría.
Detrás empieza el , el gran pulmón verde de Pest. Aquí aparece el , que mezcla en un solo edificio estilos de diferentes épocas y que parece salido de una película de fantasía, y la moderna , con su techo lleno de agujeros por el que se cuela la luz entre los árboles.
Baños Széchenyi: terminar en remojo
Y dejamos para el final una de las experiencias que mejor definen Budapest: los .
Un palacio amarillo, piscinas exteriores de agua termal humeando incluso en invierno y señores jugando al ajedrez con el agua por la cintura.
Después de dos rutas, colinas, puentes y kilómetros de avenidas, no se nos ocurre mejor forma de terminar la partida.
El mapa del viaje
Budapest | Zona Pest
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Mercadillo de Navidad camino de la Basílica de San Esteban, Budapest
10 experiencias que hacen que Budapest sea Budapest
01 | Ver el iluminado desde Buda
Cuando cae la noche, la postal se enciende.
02 | Navegar por el Danubio de noche
Un crucero como el Duna Corso y la ciudad desfilando iluminada a ambos lados.
03 | Bañarse en unos baños termales
Agua caliente, aire libre y ajedrez. Budapest también se juega en remojo.
04 | Cruzar los puentes a pie
Cadenas, Libertad, Margarita. Cada uno une Buda y Pest de una forma distinta.
05 | Tomar café en un café histórico
New York, Gerbeaud o Centrál. Aquí el café se sirve con decorado.
06 | Perderse en un ruin bar
Patios, objetos imposibles y cerveza. Nada combina y todo encaja.
07 | Comer un lángos
Masa frita, crema agria y queso rallado. Sin complicaciones.
08 | Probar un gulash de verdad
Más sopa que guiso y con pimentón húngaro. Nada que ver con el que imaginabas.
09 | Pedir un krémes o un kürtőskalács
Milhojas de crema o dulce de chimenea. Mejor los dos.
10 | Brindar con pálinka
Aguardiente de fruta, pequeño e intenso. Egészségedre!
Diez experiencias sencillas. Diez formas de llevarse un poquito de Budapest en la maleta.
Budapest también se sienta a la mesa
Budapest se camina, se mira desde sus miradores y se disfruta en remojo, pero también se descubre alrededor de una mesa. Gulash, pimentón, dulces de otro siglo y una escena gastronómica que mezcla la cocina de siempre con propuestas mucho más modernas.
No pretende ser una lista de los mejores restaurantes de Budapest, sino mi libreta de direcciones:
- · cocina húngara tradicional a un paso del . Cómo llegar
- · recetas húngaras en un ambiente retro, en plena plaza Liszt Ferenc. Cómo llegar
- · cocina de Oriente Medio en un patio lleno de plantas en el barrio judío. Cómo llegar
- · un jardín con aire de ruin bar para comer o tomar algo. Cómo llegar
- · sopas y bocadillos creativos para comer rápido y bien. Cómo llegar
- · Cómo llegar
- Gerlóczy · café y restaurante con aire parisino en un rincón tranquilo del centro. Cómo llegar
- · tarta y café en . Cómo llegar
- · el café más espectacular de la ciudad. Cómo llegar
- · el café histórico sin colas. Cómo llegar
- · el krémes de Buda. Cómo llegar
- Szimpla Kert · el ruin bar original. Cómo llegar
Porque después de dos partidas, algún puente tiene que terminar delante de un buen gulash.
Mercadillo de Navidad y árbol iluminado en el centro de Pest
El viaje continúa por Centroeuropa
Si te has quedado con ganas de más castillos, puentes y balnearios, la partida puede continuar por aquí.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días son necesarios para visitar Budapest?
Para mí, la partida perfecta pide al menos dos o tres jornadas completas sin prisa. Necesitas un día entero para conquistar cuesta arriba las colinas y miradores de Buda, y al menos otro bien intenso para dejarte llevar por el pulso monumental de Pest entre avenidas, cafés históricos y orillas... Budapest no se visita con prisas, se siente a cada paso sobre sus puentes.
¿Qué diferencias hay entre Buda y Pest y cuál merece más la pena?
Llegas pensando que vas a conocer una ciudad y descubres dos almas mirándose frente a frente sobre el Danubio. Buda es el silencio empedrado, la calma aristocrática y las vistas infinitas desde el Bastión; Pest es el latido indomable a ras de suelo, con sus grandes avenidas, ruin bars y mercados vibrantes... Ambas son imprescindibles sin duda, porque una no se entiende sin la otra.
¿Cómo subir al Castillo de Buda y qué ver en la colina?
Mi forma favorita de empezar es cruzar el Puente de las Cadenas y subir como en el siglo XIX: a bordo del entrañable funicular de madera, viendo cómo el río queda a tus pies. Arriba te aguardan el Palacio Sándor, la teatral Fuente del Rey Matías y unas terrazas asomadas al abismo fluvial que te dejan con la boca abierta... Es el mejor balcón para admirar la inmensidad de Pest.
¿Cuál es el mejor momento para disfrutar del Bastión de los Pescadores?
Si te pica la curiosidad, hazme caso y acércate a primera hora de la mañana o justo al atardecer, cuando la luz acaricia la piedra blanca y los arcos quedan libres de murmullos. Estas torres de cuento se levantaron con el único propósito de mirar... Asomarse allí en soledad para ver el Parlamento dorándose al otro lado del Danubio te llena el corazón.
¿Qué delicias típicas no debería perderme durante estas rutas a pie?
En la colina de Buda, haz un alto sagrado en la histórica pastelería Ruszwurm para devorar su legendario krémes; ese milhojas de crema justifica por sí solo la subida. Y cuando cruces a Pest, adéntrate en el bullicio del Mercado Central para pedir un auténtico lángos caliente y crujiente... ¡Una maravilla para chuparse los dedos!




