Todo empezó y acabó en El Cairo, la ciudad más poblada de África y posiblemente la más caótica del mundo. Es complicado olvidar ese momento en el que te encuentras por primera vez las Pirámides de frente, ahí están viendo pasar civilizaciones y resistiendo a inclemencias meteorológicas y al maltrato humano. Próxima a ellas luce la Esfinge con su cuerpo de león y su cabeza humana, ese monstruo fabuloso protector de moradas de difuntos en el antiguo Egipto.
Guiza, antaño en las lejanías de El Cairo, ha quedado absorbida por la ciudad pasando a ser un barrio más de la capital. Nos alojamos en el hotel Le Méridien Pyramids, un fantástico hotel ubicado frente a las pirámides. Os recomiendo siempre que sea posible solicitar una habitación superior con vistas a las pirámides, un lujo con un sobrecoste justificado, que cada amanecer te dejará boquiabierto.
La ciudad de El Cairo alberga uno de los museos más importante del mundo, el Museo Egipcio, quien guarda en sus entrañas un arsenal de objetos de la época del antiguo egipcio (más de 136.000 objetos) y barrios sorprendentes como la Ciudad de los Muertos, el barrio Copto, la Ciudadela, el animado barrio de Zalamek o mercados bulliciosos como el Mercado de Khan el Khalili.
Nos desplazamos hasta Luxor con ganas de sentir el Nilo, ese enorme río misterioso que ha atraído a los poblados cerca de sus orillas durante siglos y que hoy en día lo surcan modernas motonaves equipadas con todo lujo de detalles y antiguas falucas que persisten buscando el viento que las mantenga en movimiento.
Luxor es de esas ciudades que se graban a fuego en tu memoria por su portfolio majestuoso de monumentos. Desde lugares míticos como El Valle de los Reyes, esa necrópolis de Tebas donde descubrir tumbas faraónicas como la de Tutankamón, el impresionante templo de Luxor erigido en honor a Amón o el Templo de la reina Hatshepsut hasta lugares silenciosos y tristes como el Templo de Karnak.
Navegando hacia el sur del país descubrimos el Templo del Dios Horus en Edfú y el Templo de los Dioses Sobek en Kom Ombo, dos coquetos lugares que te adentran en la gran ciudad de Aswan. Desde Aswan hicimos una de las visitas más esperadas, el Templo de Abu Simbel, una visita compleja por la duración y por el madrugón que conlleva, que adquiere su sentido en cuanto la disfrutas visualmente.
Egipto es ese lugar mágico que has visto en documentales desde niño y que te ha hecho soñar con faraones y pirámides. Y vivirlo en primera persona no hace más que calar profundamente en ti.
El futuro de Egipto es su gente, esa gente que ha sobrevivido a la caída de diferentes imperios durante la historia y siempre ha regresado fortalecida. Arropados por sus gatos, esos que se colocaban en las entradas de casas y cuya misión era proteger el hogar y simbolizar la alegría de vivir.
El auge les espera, es cuestión de tiempo.
