París siempre está ahí.
En una película, en una canción, en un libro, en una fotografía o en esa imagen de la Torre Eiffel que hemos visto tantas veces que parece imposible descubrirla por primera vez.
Y entonces llegas...aparece el Sena, empiezan a sucederse los cafés, las fachadas haussmannianas, las boulangeries, los puentes y algunos de los monumentos más reconocibles del mundo.
Pero París tiene un pequeño problema: hay demasiado París.
Así que para intentar poner algo de orden en el tablero he dividido la ciudad en cinco rutas a pie, cinco paseos que recorren algunos de sus barrios y lugares más emblemáticos.
Barrio Latino, Champs-Élysées, Sena, el corazón histórico y Montmartre. Más de 25 kilómetros caminando por París si decides hacerlas todas.
Zapatillas cómodas.
On y va!
Notre-Dame y los puestos de cuadros junto al Sena
Barrio Latino, el París que invita a perderse
Empezamos a caminar por uno de esos barrios donde París parece especialmente empeñada en que olvidemos durante un rato el recorrido previsto.
El Barrio Latino es calles con historia, universidades, librerías, jardines, pequeños restaurantes y cafés que llevan décadas —algunos siglos— viendo pasar parisinos y viajeros.
Aquí merece la pena bajar el ritmo.
Caminar, mirar escaparates, entrar en alguna iglesia, cruzar plazas y aceptar que probablemente terminaremos desviándonos unas cuantas veces de la ruta.
Porque buena parte del encanto del Barrio Latino está precisamente en todo lo que aparece entre un lugar y el siguiente.
El ambiente universitario de la Sorbona se mezcla con algunos de los grandes monumentos de esta parte de París, mientras el Panteón domina el barrio desde lo alto.
Muy cerca, los Jardines de Luxemburgo nos ofrecen una de esas pausas que París sabe colocar estratégicamente cuando las piernas empiezan a pedir explicaciones.
Y poco a poco volvemos a buscar el Sena.
Son algo más de cinco kilómetros, pero aquí las distancias engañan. Hay demasiadas excusas para detenerse.
Una librería.
Un café.
Una terraza.
O el aroma de una crêpe recién hecha.
En París, perder el tiempo también forma parte de la ruta.






Champs-Élysées, el París monumental
Cambiamos completamente de escenario.
Si el Barrio Latino invita a callejear, esta ruta nos lleva al París de las grandes avenidas, los edificios monumentales y esas perspectivas que parecen diseñadas para impresionar.
Aquí todo juega en otra escala.
Plazas enormes, jardines, escaparates y algunos de los monumentos más reconocibles de la ciudad van apareciendo durante un recorrido relativamente corto que podemos hacer con bastante tranquilidad.
Los Champs-Élysées son el gran protagonista.
Una avenida que hemos visto tantas veces en fotografías, películas y retransmisiones del Tour de Francia que resulta curioso pisarla por primera vez.
Tiendas, restaurantes y un movimiento constante acompañan el paseo hasta encontrarnos con el imponente Arco del Triunfo.
Y entonces toca mirar hacia arriba.
Porque París tiene la extraña costumbre de conseguir que incluso los lugares que conocemos de memoria nos sorprendan cuando finalmente estamos delante de ellos.
Tres kilómetros y medio.
Sobre el mapa parece poco.
En París, nunca lo es.
Hay calles. Hay avenidas. Y luego están los Champs-Élysées.
La Conciergerie desde el Sena
A orillas del Sena
Hay ciudades que tienen un río.
Y hay ciudades que se entienden mucho mejor cuando caminas junto a él.
París pertenece a las segundas.
Esta es la ruta más larga de las cinco y merece la pena reservarle tiempo, porque durante buena parte del recorrido será el Sena quien nos vaya enseñando la ciudad.
Puentes, muelles, barcos y algunas de las grandes imágenes de París aparecen mientras caminamos junto al agua.
Y tarde o temprano levantaremos la vista.
Ahí está.
La Torre Eiffel.
Puedes haberla visto mil veces antes de viajar. Saber exactamente cómo es. Reconocerla en una fotografía de apenas unos centímetros.
Da igual.
La primera vez que aparece delante de ti hay que mirarla.
Seguimos caminando junto al Sena, cruzándolo cuando la ruta lo pide y utilizándolo como hilo conductor para descubrir una ciudad que cambia dependiendo de la orilla desde la que la contemplemos.
Este es uno de esos paseos en los que recomiendo no obsesionarse demasiado con llegar al siguiente punto.
Detente en los puentes.
Baja a los muelles.
Mira pasar los bateaux.
Y si encuentras un buen lugar frente al río, siéntate un rato.
Siete kilómetros después probablemente llevaremos muchas más fotografías, bastante menos batería en el móvil y unas piernas empezando a negociar el final de la jornada.
Pero también una certeza:
París siempre funciona mejor con el Sena cerca.
Pintora en Montmartre, junto a Au Cadet de Gascogne
El corazón de París
Ahora sí.
Nos metemos de lleno en el corazón de París.
Esta ruta atraviesa algunos de los distritos más céntricos de la ciudad y concentra buena parte de ese París monumental que todos hemos imaginado alguna vez.
Palacios, museos, jardines, plazas y grandes avenidas se van sucediendo durante algo más de seis kilómetros.
Y aquí aparece inevitablemente uno de los nombres propios de la ciudad: el Louvre.
Podríamos dedicar horas —o directamente un día entero— únicamente al museo, pero incluso si no entramos merece la pena detenernos frente al antiguo palacio, caminar por sus patios y contemplar la famosa pirámide de cristal.
A partir de aquí París nos lo pone bastante fácil.
Solo tenemos que seguir caminando.
Los jardines permiten bajar un poco el ritmo antes de volver a encontrarnos con calles, plazas y edificios que consiguen que la cámara salga del bolsillo una y otra vez.
Esta no es una ruta para correr.
Es una ruta para aceptar desde el principio que nos vamos a desviar.
Porque quizá ese sea uno de los mayores peligros de caminar por el centro de París.
Siempre hay algo unas calles más allá.
Una fachada.
Una galería.
Una plaza.
Un café.
Y de repente el recorrido que parecía perfectamente organizado sobre el mapa empieza a tener vida propia.
Bienvenido al corazón de París. Aquí manda la ciudad.
Estatua de Thomas Jefferson y la pasarela Léopold-Sédar-Senghor sobre el Sena
Montmartre, París cuesta arriba
Para terminar nuestras cinco rutas toca subir.
Montmartre no regala sus vistas.
Aquí París se vuelve cuesta, escalera, pequeña plaza y calle adoquinada.
Durante años este barrio estuvo ligado a artistas, pintores, cabarets y a una vida bohemia que todavía intentamos encontrar entre terrazas, tiendas y visitantes.
Pero para descubrir Montmartre hay que hacer exactamente lo mismo que hemos hecho durante todo este viaje: caminar.
Subir sin demasiadas prisas, desviarnos por las calles que nos llamen la atención y dejar que el barrio vaya apareciendo poco a poco.
Por el camino encontraremos cafés, artistas, fachadas cubiertas de vegetación y algunos rincones que parecen empeñados en recordarnos aquel París de principios del siglo XX.
Y seguimos subiendo. Hasta que aparece el gran protagonista de la colina. La Basílica del Sacré-Cœur. Su silueta blanca domina Montmartre y desde aquí París vuelve a cambiar completamente de perspectiva.
Después de cuatro rutas recorriendo sus calles, ahora tenemos buena parte de la ciudad a nuestros pies.
Quizá sea precisamente por eso por lo que me gusta terminar aquí. Hemos empezado caminando por París. Y acabamos mirándola desde arriba. Solo son dos kilómetros y medio. Pero no te confíes.
En Montmartre los kilómetros también cuentan en vertical.
El Palacio de Luxemburgo y su estanque
París también se come
Después de más de 25 kilómetros caminando por París hay una cuestión que empieza a resultar bastante urgente.
Comer.
Y pocas ciudades ponen tantas tentaciones por el camino.
Crêperies, pequeños bistrós, terrazas, boulangeries, cocina francesa y alguna mesa reservada para una ocasión especial forman también parte de mis recuerdos de la ciudad.
Durante mis viajes por París fui guardando algunas direcciones que me gustaron y que ahora he reunido en este mapa: desde sitios donde comer algo rápido y seguir caminando hasta restaurantes donde merece la pena sentarse, olvidarse durante un rato de la ruta y disfrutar de la mesa.
No pretende ser una lista de los mejores restaurantes de París.
Son simplemente lugares que forman parte de mi París y que volvería a tener apuntados para una próxima partida.
Porque después de caminar tanto hay que recuperar fuerzas.
Y si puede ser con una crêpe de por medio, mucho mejor.
El mapa del viaje
París también se come
Alameda de castaños del Jardín de Luxemburgo
Cinco rutas, muchos París
Después de recorrer el Barrio Latino, los Champs-Élysées, caminar junto al Sena, atravesar el corazón histórico y subir hasta Montmartre, una cosa queda bastante clara: París sigue sin caber en cinco rutas.
Siempre queda una calle por recorrer, otro café donde sentarse, una exposición pendiente, un puente que cruzar o algún barrio al que regresar. Quizá por eso París funciona tan bien cuando volvemos. La primera vez buscamos la Torre Eiffel, el Louvre, el Arco del Triunfo o Sacré-Cœur; las siguientes empezamos a buscar algo diferente: nuestro propio París.
El de aquella terraza, aquella boulangerie, un paseo junto al Sena, una crêpe que nos comimos caminando o esa esquina donde, sin saber muy bien por qué, decidimos detenernos.
Porque París está en sus grandes monumentos, claro, pero también en todas esas pequeñas cosas que ocurren mientras caminamos de uno a otro. Y seguramente ahí esté buena parte de la razón por la que siempre parece quedar algo pendiente.
Cinco rutas nunca serán suficientes, pero para empezar la partida no están nada mal. Paris, c'est partout!



