Hay ciudades que se visitan con los ojos y otras que se viven con los cinco sentidos. Marrakech pertenece a las segundas.
Aquí todo llega a la vez. El humo de los puestos de Jamaa el Fna, el olor a comino y a menta, las motos pasando a un palmo, la llamada a la oración sobre los tejados y ese rojo que lo tiñe todo, de las murallas a las fachadas. Y entonces, cuando parece que la ciudad no va a darte tregua, se abre una puerta pequeña en un callejón y aparece un patio con una fuente. Silencio.
A menos de dos horas de vuelo desde Alicante, Marrakech es una de esas escapadas que se sienten mucho más lejos de lo que están. Nosotros le dedicamos un fin de semana largo, con base en un riad dentro de la medina, y volvimos con la sensación de haber estado mucho más tiempo. Este no pretende ser una lista interminable de monumentos. Es mi Marrakech, organizado en zonas: la medina monumental, el laberinto de Mouassine y Ben Youssef, Jamaa el Fna cuando cae el sol y, para quien tenga más días, la ciudad que se asoma fuera de las murallas. Ideas para que puedas construir tu propia partida.
Ponte calzado cómodo y guarda el GPS en el bolsillo. En la medina, perderse forma parte del juego.
¡Marhaba!
Minarete de la Koutoubia y restos de la antigua mezquita en Marrakech
La medina monumental
Empezamos por los grandes nombres de Marrakech. Esta primera ruta une el minarete que vigila la ciudad desde hace más de ocho siglos con tumbas que estuvieron olvidadas, palacios de visires y el zoco que termina desembocando en la plaza más famosa de Marruecos. Nosotros la hicimos con un free tour de unas cuatro horas, y mi consejo es claro: merece la pena. Hay muros que cuentan mucho más cuando alguien te explica lo que esconden.
KOUTOUBIA: LA HERMANA DE LA GIRALDA
La ruta arranca frente a la Koutoubia, el gran minarete de Marrakech.
Si te resulta familiar, no es casualidad. Es la “hermana” almohade de la Giralda de Sevilla, levantada por la misma dinastía y con ese mismo aire de torre que se sabe protagonista. Desde casi cualquier azotea de la medina la veremos asomar entre los tejados.
Es la brújula de Marrakech. Cuando estés perdido, búscala.
TUMBAS SAADÍES: OLVIDADAS DURANTE SIGLOS
Seguimos hasta las , uno de esos lugares que parecen guardados en secreto.
Estuvieron tapiadas y olvidadas durante siglos, hasta que se redescubrieron en 1917. Mármol, estuco trabajado como si fuera encaje y una decoración que cuesta creer que haya pasado tanto tiempo escondida tras un muro.
Hay tesoros que se buscan. Y otros que simplemente aparecen.
PALACIO EL BADI Y EL MELLAH
Muy cerca se levantan las ruinas del , el que fue el gran palacio de la dinastía saadí. Hoy quedan muros enormes, patios abiertos y alguna cigüeña vigilando desde lo alto. Pero precisamente esa grandeza a medio camino es lo que lo hace especial.
A un paso está el Mellah, el antiguo barrio judío, con un ritmo y un aire distintos al resto de la medina. Merece la pena atravesarlo con calma.
PALACIO DE LA BAHÍA: CAMINAR MIRANDO HACIA ARRIBA
Llega el turno del , el capricho del visir Ba Ahmed.
Patios, zellige, jardines y techos de cedro tallado que nos obligan a caminar con la cabeza levantada. Cada sala parece competir con la anterior por ver cuál tiene más detalles.
Aquí el consejo es sencillo: mira hacia arriba. Lo mejor del palacio está en los techos.
Y si te cuadra, guarda un hueco para algo que para mí fue de lo mejor del viaje. Muy cerca del palacio, en el Sources Berber Riad & Spa, hicimos una ceremonia del té. Aprendimos a purificar la tetera, a encontrar el punto entre la menta y el azúcar y, sobre todo, a servirlo desde lo alto para que salga esa capa de burbujas tan característica.
Parece fácil.
No lo es.
Pero en cuarenta y cinco minutos salimos sabiendo prepararlo en casa. Y con alguna pasta marroquí de más.
ZOCO Y JAMAA EL FNA
Terminamos zigzagueando por el zoco. Lámparas, babuchas, alfombras, cuero, especias y vendedores que te llaman desde cada puesto. Las calles se estrechan, se cruzan, se repiten…
Y, de repente, se abren.
Bienvenidos a Jamaa el Fna.
De la Koutoubia a la gran plaza, pasando por tumbas, palacios y un zoco que no se acaba nunca.
Puestos de granadas, ropa y bolsos en uno de los callejones del zoco de Marrakech
Mouassine y Ben Youssef
Si la primera ruta nos llevó por los grandes monumentos, esta segunda nos mete en la medina más íntima. Subimos desde Jamaa el Fna hacia Mouassine para encontrar jardines escondidos, una escuela coránica de las que quitan el aliento, fotografías de otro tiempo y una plaza donde regatear es deporte nacional. Y todo, a ser posible, con alguna azotea de por medio.
CAFÉ ARABE: COMER CON LA KOUTOUBIA DE FONDO
Dejamos atrás el bullicio de la plaza y subimos por Mouassine hasta Café Arabe.
Comemos en su azotea, entre pasta y tajín, con la Koutoubia asomando entre los tejados. Una mezcla de cocinas que funciona sorprendentemente bien y unas vistas que justifican la parada por sí solas.
Porque podemos hablar de palacios y medersas.
Pero hemos venido también a comer.
LE JARDIN SECRET: UN OASIS TRAS LOS MUROS
A un paso nos espera .
Fuentes, naranjos, canales de agua y un silencio que parece imposible a dos calles del zoco. Es uno de esos lugares que resumen Marrakech: por fuera, un muro más; por dentro, un pequeño paraíso.
En esta ciudad, lo mejor siempre está detrás de una puerta.
MEDERSA BEN YOUSSEF: LA ESCUELA MÁS BONITA DE LA CIUDAD
Seguimos hasta la , la escuela coránica más bonita de Marrakech.
Un gran patio con su alberca, paredes de zellige, estuco tallado y madera de cedro que se van superponiendo hasta casi marear. Y, alrededor, las pequeñas celdas donde vivían los estudiantes, que ayudan a imaginar cómo era la vida aquí hace siglos.
Es difícil no quedarse un rato sentado mirando.
Y está bien que así sea.
MAISON DE LA PHOTOGRAPHIE: EL MARRUECOS DE OTRO TIEMPO
Muy cerca nos asomamos al Marruecos de otra época en la .
Viejas fotografías de pueblos, caravanas, retratos y paisajes que muestran un país que, en muchos rincones, no ha cambiado tanto. Y, para terminar, su terraza, con unas vistas sobre los tejados de la medina que no queremos perdernos.
PLAZA DE LAS ESPECIAS: A REGATEAR SE HA DICHO
Ya sin prisas, bajamos a la Plaza de las Especias, la Rahba Kedima.
Cestas, pirámides de colores, sombreros, lana y algún que otro camaleón esperando comprador. Aquí regatear no es una opción, es parte de la conversación. Así que nos sumamos a la costumbre: ofrecemos un tercio del primer precio y disfrutamos de la negociación.
Que para eso hemos venido a jugar.
CAFÉ DES ÉPICES: CUANDO SE ENCIENDEN LOS TEJADOS
Cuando el sol empieza a caer, subimos a la terraza del .
Desde arriba la plaza parece otra. Las sombras se alargan, los colores se apagan poco a poco y los tejados de la medina empiezan a encenderse.
Aquí toca hacer lo contrario de lo que llevamos haciendo todo el día: parar.
Un té, la plaza a nuestros pies y Marrakech haciendo el resto.
De la azotea de Café Arabe a la de Café des Épices, pasando por jardines, medersas y un buen regateo.
Pinturas y artesanía en los callejones de la medina de camino a Mouassine
Jamaa el Fna
Hemos pasado por Jamaa el Fna varias veces, pero esta zona merece capítulo propio. Porque de día es una plaza grande, ruidosa y caótica. Y de noche… de noche es otra cosa.
UNA PLAZA QUE SE TRANSFORMA
Cuando cae el sol, Jamaa el Fna se convierte en otra plaza.
Se levanta el humo de los puestos de comida, aparecen los encantadores de serpientes, los gnawas hacen sonar sus crótalos y los cuentacuentos reúnen corros de gente que escucha atenta aunque no entienda una palabra.
No hay guion. No hay escenario. Y, aun así, todo funciona.
Lo mejor de Jamaa el Fna no se fotografía. Se respira.
CENAR EN LOS PUESTOS
Toca sentarse en uno de los puestos y dejarse llevar. El 14 o el 1 son clásicos. Mesas corridas, bancos compartidos y vendedores que te invitan a sentarte con más insistencia que paciencia.
Aquí hay que probar la harira, la sopa marroquí por excelencia, y, si te atreves, unos caracoles en caldo.
Sencillo, ruidoso y muy marroquí.
CAFÉ DE FRANCE Y CAFÉ GLACIER: LA PLAZA DESDE ARRIBA
Para terminar la noche, subimos a la terraza del o del .
Desde arriba, la plaza parece un enorme escenario iluminado: humo, luces, música y miles de personas moviéndose sin parar. Con un té a la menta en la mano, es uno de esos momentos que se quedan grabados.
Marrakech se puede ver desde muchos sitios. Pero así, se entiende.
Del humo de los puestos a la calma de una terraza, con un té en la mano.
Gorros, fez y bolsos bordados en un puesto de la Plaza de las Especias de Marrakech
Más allá de la medina
Si tienes un día más, Marrakech todavía guarda cartas. Esta última zona sale de la medina para buscar uno de los jardines más famosos del mundo y vuelve a entrar por una de sus puertas para descubrir uno de los oficios más antiguos de la ciudad.
JARDÍN MAJORELLE Y MUSEO YVES SAINT LAURENT
Fuera de las murallas, en la zona de Gueliz, aparece el .
Cactus, palmeras, bambú y ese azul tan intenso que lleva el nombre del pintor que lo creó, Jacques Majorelle. Años después, Yves Saint Laurent y Pierre Bergé lo rescataron y lo convirtieron en su refugio.
Justo al lado, el completa la visita y cuenta la historia de amor entre el diseñador y la ciudad.
Mejor ir temprano. El azul se disfruta más sin colas.
CURTIDURÍAS DE BAB DEBBAGH
De vuelta en la medina, junto a la puerta de Bab Debbagh, están las curtidurías.
Pozas de colores, pieles extendidas al sol y un trabajo que apenas ha cambiado en siglos. Te ofrecerán una ramita de menta al entrar. Acéptala.
Lo entenderás en cuanto llegues.
UN HAMMAM PARA TERMINAR
Y si después de tantos kilómetros las piernas lo piden, un hammam es la mejor forma de cerrar el día. El es uno de los clásicos de la medina.
Vapor, jabón negro y Marrakech saliendo poco a poco del cuerpo.
Del azul de Majorelle al vapor de un hammam, pasando por los colores de las curtidurías.
Patio y alberca de la Medersa Ben Youssef en Marrakech
10 experiencias que hacen que Marrakech sea Marrakech
Marrakech no son solo palacios, medersas y lugares que marcar en un mapa. También son pequeños momentos, sabores y rituales que terminan convirtiéndose en lo mejor del viaje.
01 | Dormir en un riad
Por fuera no dicen nada. Por dentro lo dicen todo.
02 | Aprender la ceremonia del té
Purificar la tetera, encontrar el punto de la menta y servir desde lo alto. Más difícil de lo que parece.
03 | Perderse en la medina
Guardar el GPS y dejar que los callejones decidan el camino.
04 | Regatear en la Plaza de las Especias
Un tercio del primer precio, una sonrisa y mucha paciencia.
05 | Cenar en los puestos de Jamaa el Fna
Mesas corridas, harira y caracoles en caldo. Sin complicaciones.
06 | Ver atardecer desde una azotea
Buscar una terraza, pedir un té y ver cómo se encienden los tejados.
07 | Escuchar a los gnawas
Crótalos, tambores y una música que parece no tener final.
08 | Mirar hacia arriba en el
Techos de cedro tallado que obligan a caminar con la cabeza levantada.
09 | Darse un hammam
Vapor, jabón negro y ninguna prisa. Después de tantos kilómetros de medina, se agradece.
10 | Tomar un té a la menta frente a la plaza
Desde el , con Jamaa el Fna a tus pies.
Diez experiencias. Diez formas de llevarse un poquito de Marrakech en la maleta.
Marrakech, una ciudad que se vive con los cinco sentidos
Hemos seguido la Koutoubia como una brújula, hemos caminado mirando a los techos de la Bahía y nos hemos escondido del ruido en . También hemos regateado en la Plaza de las Especias, hemos visto encenderse los tejados desde una azotea y hemos aprendido a servir el té desde lo alto. Y entre medias, Jamaa el Fna, siempre Jamaa el Fna, de día, de noche y desde arriba.
Pero Marrakech tiene algo curioso: cuanto más te pierdes en ella, más ganas tienes de volver a perderte. Siempre queda un callejón sin recorrer, un patio que no viste o una terraza en la que no te sentaste.
Quizá porque esta ciudad no está hecha para verla, sino para sentirla. Se huele, se escucha, se saborea.
Marrakech no solo se visita.








El mapa del viaje
Marrakech | Marruecos
Abrir en Google MapsMarrakech puede ser una escapada por sí sola, pero también la excusa perfecta para descubrir otras ciudades donde el desierto, el té y los zocos forman parte del paisaje.
Si te has quedado con ganas de más, la partida continúa aquí:
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días son necesarios para ver Marrakech?
Con un fin de semana largo puedes ver lo imprescindible de la medina: la Koutoubia, los palacios, la Medersa Ben Youssef, los zocos y Jamaa el Fna. Si quieres añadir el Jardín Majorelle, un hammam o una excursión al Atlas o al desierto, lo ideal son cuatro o cinco días.
¿Es mejor alojarse dentro o fuera de la medina?
Para una primera visita, dentro, y si puede ser, en un riad. Así llegas caminando a casi todo y vives la ciudad desde dentro. Ten en cuenta que los coches no entran en muchos callejones, así que lo normal es hacer los últimos metros a pie.
¿Cómo se regatea en Marrakech?
Con calma y buen humor. Una regla habitual es empezar ofreciendo alrededor de un tercio del primer precio y negociar a partir de ahí. Y si no te convence, despedirte con una sonrisa también forma parte del juego.
¿Cuál es la mejor época para viajar a Marrakech?
La primavera y el otoño son ideales, con temperaturas agradables para caminar por la medina. En verano el calor puede ser muy intenso, y en invierno los días son suaves pero las noches, frescas.




